Las madres del Maullín: Lo que los camarones nos revelan sobre la salud del río

Artículo de Magdalena Huerta, Directora de Conservación de Fundación Legado Chile

Durante el último año, Fundación Legado Chile, en colaboración con Fundación NIVA Research, la Universidad de Nuevo México y el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), llevó adelante un estudio orientado a comprender cómo los distintos tipos de hábitat presentes en el Santuario de la Naturaleza del Río Maullín —un sitio prioritario de conservación y un verdadero hotspot de biodiversidad— influyen en la abundancia y distribución del camarón de río del sur (Samastacus spinifrons).

En este río, donde las raíces del bosque nativo se hunden y entrelazan bajo el agua formando refugios naturales, habita este pequeño pero poderoso crustáceo. Nativo de Chile -casi endémico, salvo por su presencia en un lago de Argentina-, el camarón de río del sur cumple un rol fundamental en la cadena alimentaria: es presa de peces, aves y mamíferos como el huillín (Lontra provocax), una nutria nativa en peligro de extinción. Al mismo tiempo, actúa como un indicador silencioso de la salud del ecosistema, debido a su marcada dependencia de condiciones ambientales óptimas, vinculadas a una buena calidad de agua, libre de contaminación.

El estudio se desarrolló a lo largo de tres sitios que representan un gradiente de actividad humana: un sector urbano-industrial, una zona de transición y un tramo dominado por bosque ripario. En cada punto se realizaron capturas mediante trampas, se caracterizaron los individuos de S. spinifrons, se midieron parámetros físico-químicos del agua (pH, temperatura, oxígeno disuelto y conductividad) y se describió la estructura del bosque ribereño, considerando su cobertura, composición y grado de conservación.

Los resultados evidenciaron diferencias en la calidad de los hábitats, vinculadas tanto a los parámetros físico-químicos del agua como a la estructura del bosque ribereño, entre la zona de mayor actividad antrópica y las zonas de transición y bosque ripario. Asimismo, se registró una asociación positiva entre la calidad del hábitat y la abundancia de S. spinifrons, mostrándose, incluso, la ausencia de individuos en el sector con mayor intervención humana. 

Este patrón sugiere que la conservación de la vegetación nativa ribereña es un factor clave para la supervivencia y estabilidad poblacional de S. spinifrons, al influir en la disponibilidad de refugios, la estabilidad térmica del agua y la calidad del sustrato. A su vez, se confirmó la existencia de hábitats adecuados para la presencia de sitios de crianza y de madres ovígeras, detectándose su presencia exclusivamente en los sectores con menor actividad antrópica.

El estudio también registró otras especies de crustáceos, destacando las conocidas pancoras del género Aegla. Su presencia resalta la riqueza de macroinvertebrados que habitan estos ecosistemas y que cumplen funciones ecológicas indispensables: reciclan nutrientes, limpian el fondo del río y sostienen complejas redes tróficas que conectan desde microorganismos hasta depredadores tope como el huillín.

Pese a estos avances, aún persisten importantes vacíos de información. Se desconoce la magnitud de la extracción artesanal del camarón y la ubicación de los principales sitios de recolección, así como los posibles efectos del cambio climático y la contaminación sobre sus poblaciones. La recolección para consumo forma parte del acervo cultural asociado al Maullín, por lo que la siguiente etapa del proyecto buscará avanzar hacia una estrategia de conservación participativa que integre a comunidades locales, pescadores, instituciones y científicos.

En un momento en que los ríos del sur enfrentan crecientes presiones —entre ellas, la expansión urbana y la degradación del bosque nativo—, estudios como este no solo amplían nuestro conocimiento, sino que también invitan a repensar nuestra relación con el territorio.
Porque en las aguas del Maullín, las “madres del río” —esas pequeñas hembras que cargan la próxima generación de camarones— nos recuerdan que la conservación comienza observando lo invisible, entendiendo sus ritmos y cuidando los lugares donde aún persiste la vida.

Magdalena Huerta

Directora de Conservación

Fundación Legado Chile

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